Cultura leon-trotsky

Publicado el agosto 20th, 2015 | por wisewisdom49

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Hablando de…A 75 años del asesinato del revolucionario ruso León Trotsky, en Coyoacán

Hoy 20 de Agosto, hace ya 75 años, en 1940, fue asesinado León Trotsky (Kirovogrado, Ucrania – Noviembre 7, 1879) en su casa, donde vivía como exiliado político, en la calle de Viena en nuestro entrañable barrio de Coyoacán.

El crimen fue realizado por órdenes del dictador José Stalin, el hombre que traicionó los ideales de la gran Revolución Rusa triunfante en Octubre de 1917.

El revolucionario ruso, atacado por un golpe terrible en el cerebro con un piolet, por su agresor, sobrevivió todavía 24 horas, antes de morir oficialmente el 21 de Agosto de 1940.

El autor material del magnicidio fue el catalán Ramón Mercader del Río, que había cambiado su nombre al de Jacques Mornard, ciudadano belga o Frank Jacson, según fuesen las conveniencias. Mercader fue preparado y adiestrado por la GPU (antigua policía secreta rusa que derivó en la KGB) durante 4 años, concientizándolo que asesinar a Trotsky era por “el bien del Socialismo, la Revolución Rusa y un mundo mejor”.

La vida del catalán es en si misma una gran contradicción, convertida al final en una terrible pesadilla.

Trotsky perteneció a uno de los grupos más singulares que ha dado la historia, el de los llamados bolcheviques, junto a Lenin, de los más brillantes.

Como intelectual y revolucionario, uno de los más fieles seguidores del pensamiento legado por Carlos Marx y uno de los más importantes teóricos renovadores del pensamiento de éste, con conceptos tan revolucionarios como el de la Revolución Permanente, con el criterio de que la vida es una superación constante, propio de nuestras características humanas.

La vida de Trotsky es tan grandiosa como sublime, envuelta en gloria y tragedia, que van de la mano siempre. Borrado para siempre de los anales de la Revolución Rusa, en todo documento, foto, discurso en que aparecía su figura. Su nombre y obra fueron satanizadas en la desaparecida URSS, siendo impronunciable cualquier referencia a su trayectoria política.

Su pecado: tratar de mantener vivos los ideales revolucionarios, una vida mejor para los trabajadores en su patria y el mundo, traicionados por la burocracia stalinista.

La vida de Trotsky es un cambio constante, desde su infancia en una casa de campo ucraniana, los estudios de adolescencia y juventud en Odesa y Nikolaiev, el confinamiento en Siberia, el primer exilio en Europa, la activa participación en el soviet de Petersburgo en 1905, la nueva expatriación en Viena, Zurich, París, España y Estados Unidos, el regreso a Rusia en 1917, la conquista del poder, la organización del Ejército Rojo, la derrota a manos de Stalin, la expulsión en 1929 de la Unión Soviética, el peregrinaje por Turquía, Francia y Noruega, el asilo político en México, escenario de su asesinato.

En estos tiempos ominosos, de violencia inaudita, de cinismo atroz, de entrega de la riqueza nacional, de la traición de una izquierda mexicana fraudulenta, el pensamiento y el deseo irrevocable de un mundo justo y mejor de Liev Davídovich Trotsky está más vivo que siempre. En palabras de uno de los grandes estudiosos del pensamiento de Trotsky, el Maestro Guillermo Almeyra:

“Trotsky es válido y vigente aún por su lucha contra las burocracias ´obreras´ y por su comprensión del carácter internacional de la lucha de emancipación social, por su confianza en la creatividad de las mujeres, la juventud, los pueblos colonizados. Es válido por la comprensión del desarrollo desigual y combinado que hace que las luchas populares salten etapas y, para lograr derechos elementales y derechos humanos y democráticos, deban derribar los Estados capitalistas e iniciar la construcción del socialismo”

León Trotsky permaneció a pesar de todo absolutamente firme hasta el final en sus ideas revolucionarias.

Su testamento político revela el enorme optimismo en el futuro socialista de la Humanidad. Pero su auténtico testamento se encuentra en sus libros y escritos, un tesoro de ideas marxistas para la nueva generación de revolucionarios.

Los grandes nombres históricos no son ídolos estáticos sino creadores de ideas, de teorías revolucionarias, de instrumentos innovadores indispensables y necesarios para entender mejor los sucesos políticos y transformar la sociedad antes de que sea tarde.


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